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Amadeo Sabattini, el gobernador de los diques

Amadeo Sabattini, el gobernador de los diques

La historia de los Diques de Córdoba comienza en el siglo XIX, cuando el gobierno de la provincia de Córdoba con el fin de mitigar las crecientes y proveer de agua a la ciudad de Córdoba, en 1880 durante el gobierno de Juárez Celman, se toma la decisión de construir un dique. El ingeniero Carlos Cassaffousth es quien diseña el proyecto y junto al Dr. Bialet Massé encaran la empresa. Los estudios demoraron 3 años y en 1884 comienza su construcción. Luego de 7 años de arduo trabajo, el 8 de septiembre de 1891 quedaba inaugurado oficialmente el embalse artificial más grande del mundo en esa época.

De ahí en más una serie de obras hidráulicas fueron dando a las sierras de Córdoba una de sus características más singulares: sus diques y embalses.

Fue Amadeo Sabattini el gobernador que más hizo en este sentido. Su gestión va estar caracterizada por su principal lema: «Agua para el Norte, caminos para el Sur». Bajo este lema, crea la Dirección Provincial de Hidráulica y con ella comienza la construcción de los diques de Cruz Del Eje, La Viña, Nuevo San Roque y Los Alazanes siendo esto la base de la industrialización de Córdoba por la energía eléctrica.


Foto: www.diquesdecordoba.com.ar

Embalse del Río Tercero
Este embalse comenzó a bocetarse como idea allá por 1911, pero la Primer Guerra Mundial canceló el proyecto.

El proyecto actual fue de Santiago Enrique Fitz Simon y comenzó construirse 1927 (Gobierno de Ramón José Cárcano) y se inauguró en 1936 (Gobierno de Amadeo Sabattini).

Dique Los Molinos
Comenzó a construirse en el año 1948 y se se inauguró en octubre de 1953, durante la presidencia de Juan Domingo Perón.

De democracia a dictadura
El Dique la Quebrada comenzó a construirse el 21 de enero de 1974 bajo la gobernación de Ricardo Obregón Cano. El proyecto data de 1913, cuando se comienza a estudiar la posibilidad de aprovechar las aguas del arroyo Salsipuedes construyendo un embalse para solucional el problema del agua en la zona. Finalmente, y luego de muchas idas y venidas, planos, proyectos, financiaciones y diseños en 1974 se inician las tareas de construcción. Fue inaugurado en Julio de 1976 bajo gobierno de facto.


Foto: www.diquesdecordoba.com.ar

El Dique Compensador Piedras Moras se comenzó a construir en 1972 y fue inaugurado el 9 de noviembre de 1979.

Al dique de Cruz del Eje se le realizó una remodelación entre los años 1977 y 1980

El Dique de La Falda comenzó a construirse en 1971 y se inauguró en 1980.

El Dique el Cajón fue construido entre 1987 y 1993 durante la gestión del primer gobernador del regreso de la democracia: Eduardo César Angeloz.

El Dique Pichanas fue un proyecto de Agua y Energía de la Nación se comenzó a construir en 1966 se finalizó 12 años después en 1978

 

Fuentes: DiPAS –Gobierno de Córdoba – http://www.cordobadeantaño.com.ar/ – Wikipedia

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Una App para ver la lluvia caída y la altura de los ríos a tiempo real

Una App para ver la lluvia caída y la altura de los ríos a tiempo real

Sistema de Gestión de Amenazas del INA-Cirsa

INA-CIRSA opera y administra el Sistema de Adquisición de Datos a Tiempo Real en un esfuerzo por mejorar la calidad de la información meteorológica para el acceso público a la misma a fin de su empleo en los sistemas de Alerta Temprana de Lluvias, en base al Convenio Marco suscripto con el Ministerio de Gobierno de la Provincia de Córdoba bajo protocolo INA N° 1376.
Los datos son generados por estaciones de tecnología ALERT instaladas en campo, cuyo complejo proceso de adquisición y transferencia de los mismos puede en ocasiones sufrir interferencias externas (colisión de datos, vandalismo, meteoros como rayos, viento, granizo y otros) que afectan su calidad.
El INA-CIRSA no brinda garantía expresa o implícita sobre las mediciones y exactitud de los valores, razón por lo cual los datos deben ser considerados como referenciales y sujetos a revisión.
De igual manera no se responsabiliza sobre la utilización de los mismos en los Sistemas de Alerta Temprana de Lluvia.

Se puede descargar la App en https://play.google.com/store/apps/details?id=ar.ina.cirsa.sga&hl=es_CL

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Cuando el lago nos abandonó

Cuando el lago nos abandonó

En octubre de 1916 una prolongada sequía azotó la geografía cordobesa. Se decía que era la peor en 44 años, es decir, desde que la Oficina Meteorológica llevaba anotaciones de estos fenómenos naturales. Las últimas precipitaciones del año acontecieron el 29 de abril, y desde entonces apenas habían caído 17 milímetros de lluvia, cantidad insignificante para cubrir las mínimas necesidades humanas y animales.

Con el inicio de la primavera y el consiguiente aumento de las temperaturas la situación se agravó sensiblemente. Los campos, usualmente llenos de verdor en esta época del año, se habían convertido en páramos inhóspitos donde el viento arremolinaba a su antojo el polvoriento suelo. La ausencia de flores y el silencio de los pájaros eran notables.

Ya meses antes los agricultores habían recibido la arrasadora visita de las langostas, y ahora tenían que enfrentar los desastrosos efectos de la sequía, resultando un golpe mortal a sus maltrechas economías. La miseria comenzaba a ser palpable en pueblos y colonias agrícolas.

Por su parte, los habitantes de la ciudad capital no la llevaban de arriba. La población sufría la escasez en grado extremo y el problema del agua –o más bien la falta de ella- se había convertido en un asunto de extrema preocupación para los poderes públicos. Todos opinaban sobre las causas y posibles soluciones del problema: periodistas, funcionarios, legisladores, científicos, especialistas en salubridad, y por supuesto, el público en general.

Pero los más preocupados eran los sanitaristas. El agua disponible, captada del curso del río Primero en el paraje La Toma, no solo era escasa, sino que además era turbia, maloliente y una sospechada fuente de todo tipo de enfermedades. Incluso las clases fueron suspendidas ante el grave cuadro sanitario.

En las serranías, los ríos y arroyos disminuyeron drásticamente su caudal y el agua, sino exigua, desapareció de la superficie. Como consecuencia directa, el lago San Roque fue disminuyendo progresivamente su nivel y hacia mediados de octubre, su lecho estaba casi seco.

Aprovechando esta circunstancia, la Superintendencia General de Riego solicitó autorización para desagotar completamente el embalse y proceder a la inspección de las tuberías de descarga y reparación de las compuertas de los desarenadores, eterno dolor de cabeza para quienes debían ocuparse de su funcionamiento. La autorización solicitada fue concedida el 13 de octubre.

Escurridas las aguas, el barro acumulado fue inmediatamente horadado por el río Primero que buscó seguir su curso original. Por este motivo, aguas abajo, el curso se volvió barroso y los siempre temibles remansos se convirtieron en charcas de asqueroso aspecto. Las versiones sobre eventuales epidemias debido al estado calamitoso del curso generaron gran inquietud.

 


Postal de la época – Archivo Piti Bertorello

El 3 de noviembre miembros del Círculo Médico, científicos y periodistas, a bordo de un tren especial, se trasladaron hasta el lugar para observar in situ lo que estaba ocurriendo. Es de imaginarse el paisaje surrealista que encontraron: el barro expuesto, sometido al calor de la época del año, nutrido con restos de vegetales y animales muertos, todo putrefacto, emanaba un olor nauseabundo que resultó difícil de tolerar por los comisionados.

El sábado 4 de noviembre, día en que don Carlos Nicandro Paz festejaba su quincuagésimo cumpleaños, la imagen del lecho fangoso de nuestro lago fue publicada en la primera plana del diario “Los Principios”, agregando una dosis de dramatismo a la ya sensibilizada opinión pública.

Si nosotros hoy, acostumbrados a su sempiterna presencia, contemplásemos un paisaje cuyo principal protagonista estuviera ausente, no saldríamos de nuestro asombro. Sin embargo, en la corta pero intensa vida del primer dique San Roque, estos acontecimientos, si bien no eran frecuentes, tampoco resultaban extraños. Con el objeto de realizar reparaciones en los muros y mecanismos de la presa, cual tina que se le quita el tapón, el embalse se vació al menos en cuatro oportunidades: 1904, 1908, 1910 y 1916.

Cada vez que ello ocurría, como un fantasma que regresa del pasado, emergían de las profundidades secas los restos del antiguo poblado de San Roque, dando lugar a las más diversas leyendas.

Pero no hay mal que dure cien años y un mes después comenzaron las lluvias. A partir del domingo 3 de diciembre, un aguacero tras otro se desplomó sobre el territorio cordobés. Ríos y arroyos de la cuenca del San Roque incrementaron bruscamente su caudal y en pocas horas el embalse recuperó altura. Felizmente, los trabajos de reparación habían concluido diez días antes; las compuertas de evacuación y los desarenadores funcionaban perfectamente. El agua tan deseada como evasiva durante meses, comenzó a correr por los canales maestros. La sequía había terminado.

 

Nota correspondiente a la edición n° 441 del semanario La Jornada, del 06 de noviembre de 2016.

Foto portada: Archivo General de la Nación

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